SALZBURGO

Tras casi un mes en Viena, llego a Salzburgo para iniciar la segunda etapa de este año en Austria. Aquí voy a hacer prácticas en un estudio de arquitectura mientras continúo mejorando el idioma.

La ciudad es realmente de cuento. La fortaleza en lo alto, las calles estrechas, las pequeñas plazas, el río Salzsach que la atraviesa… tiene un encanto como pocos lugares que haya visto.

Vista desde el Castillo de Salzburgo (arriba) y del propio castillo desde el aire (abajo)

Apenas 150 000 habitantes pueblan sus calles, y parecen tan acostumbrados a la belleza que les rodea que apenas se dan cuenta de ella. En cambio, las hordas de turistas que se mueven en grupos siguiendo al guía como ovejas a su pastor, se detienen en cada calle para hacerse “selfies” frente a las 3 casas de Mozart, el Ayuntamiento, la catedral, la fortaleza…

Salzburgo significa “castillo de la sal”, y debe a este mineral gran parte de la riqueza que ha tenido a lo largo de la historia. Sus primeros habitantes se remontan al Neolítico, y en el año 15 a.C. se convirtió en ciudad romana bajo el nombre de “Juvavum”. En el año 700 San Ruperto (actual patrón de la ciudad) la refundó, y poco después se convirtió en sede de un obispado (por eso hay tantas iglesias y monasterios). Fue gobernada por un Príncipe-Obispo hasta el siglo XIX, cuando pasó a formar parte de Austria. Actualmente se encuentran aquí las oficinas generales y la fábrica de Red Bull.

Para lo pequeña que es, tiene una oferta cultural enorme, especialmente musical. El Mozarteum, una de las escuelas de música más importantes del mundo, organiza muchos conciertos en distintas partes de la ciudad a lo largo del año. En el Festspielhaus (el gran teatro que aparece en “Sonrisas y lágrimas”) tiene lugar en verano un festival de música clásica, donde las entradas pueden llegar a costar una fortuna. Y hay infinidad de coros amateurs y profesionales. De hecho, me he apuntado a uno, ¡qué mejor manera de disfrutar de la ciudad de la música!Mozart Haus copia

Salzburgo es muy cómoda para recorrer en bicicleta. El casto histórico es pequeño y se llega en seguida a todas partes. Hay carril bici por toda la ciudad, y muchos caminos que salen de ella hacia el campo, con los Alpes en el horizonte… es realmente precioso.

En cuanto al idioma, aquí se habla con un dialecto muy marcado. Es curioso cómo en el colegio se aprende “Hochdeutsch” (alemán estándar), y en casa o por la calle mucha gente habla dialecto. Lo que más me sorprende es que puedan pasar de uno a otro con una facilidad enorme… ¡Pero creo que a mi por ahora me vale con el alemán estándar! Una vez lo domine podremos pasar a aprender el dialecto…